Bacterias para tratar relaves: la apuesta de una universidad chilena
Chile tiene un pasivo ambiental de casi 800 depósitos de relaves — y la solución podría estar viva
Casi 800 depósitos de relaves repartidos por el territorio chileno: esa cifra resume décadas de extracción cuprífera y, al mismo tiempo, uno de los mayores desafíos ambientales sin resolver del sector minero en Latinoamérica. Un equipo universitario chileno está apostando por una respuesta poco convencional: usar bacterias para neutralizar los contaminantes que estos depósitos liberan al suelo y al agua.
Qué propone la investigación y por qué la biología entra al juego minero
La propuesta se enmarca en lo que la ciencia llama biorremediación, una técnica que utiliza microorganismos para degradar, inmovilizar o transformar contaminantes presentes en suelos y aguas. En el caso de los relaves mineros, el problema central son los metales pesados como el arsénico, el plomo y el cobre en concentraciones tóxicas, junto con el drenaje ácido que se genera cuando los sulfuros del mineral reaccionan con el agua y el oxígeno. Las soluciones convencionales, como la encapsulación o la revegetación, estabilizan el problema pero no lo resuelven en profundidad.
Lo que distingue la aproximación bacteriana es que apunta a transformar químicamente los compuestos problemáticos. Algunas cepas bacterianas tienen la capacidad de reducir sulfatos, precipitar metales o alterar el pH del entorno de una manera que vuelve a los contaminantes menos móviles y menos biodisponibles. El resultado, cuando funciona, es un depósito que deja de ser una fuente activa de contaminación. No es una solución instantánea: los ciclos biológicos son lentos y las condiciones de cada depósito varían enormemente según su composición mineralógica, altitud y clima. Pero el costo operativo potencial es significativamente menor que las alternativas de ingeniería civil a gran escala.
El trabajo universitario chileno busca identificar o adaptar cepas que soporten las condiciones extremas que caracterizan a muchos relaves del norte del país: alta acidez, baja disponibilidad de nutrientes y temperatura variable. Esta fase de laboratorio es crítica porque no todas las bacterias que funcionan en condiciones controladas escalan bien a un depósito real de decenas o cientos de hectáreas.
Por qué este problema no puede esperar más en Chile
Chile produce cerca del 27 % del cobre mundial, y cada tonelada de cobre fino genera aproximadamente 200 toneladas de relave. La acumulación es matemáticamente inevitable mientras la producción continúe, lo que hace urgente desarrollar métodos de gestión que no solo contengan sino que remedien. La regulación chilena ha avanzado con la Ley de Relaves, que obliga a registrar y gestionar los depósitos activos e inactivos, pero el marco normativo no resuelve el problema técnico: qué hacer con los que ya existen y cómo reducir el riesgo de los que siguen creciendo.
Para las comunidades que viven cerca de estos depósitos, muchos de ellos en zonas áridas del norte donde el agua es un recurso escaso y crítico, la contaminación de napas freáticas y cursos de agua no es un riesgo abstracto. Es una realidad documentada en localidades del norte de Chile con presencia histórica de faenas mineras. En ese contexto, una solución que pueda aplicarse a bajo costo en depósitos pequeños o medianos tiene un impacto social directo, no solo ambiental.
El potencial de escala de la biorremediación también es relevante para el ecosistema emprendedor minero. Si los resultados universitarios son replicables, abren espacio para startups especializadas en soluciones biológicas para pasivos ambientales, un nicho que en mercados como Estados Unidos y Australia ya cuenta con empresas consolidadas pero que en Latinoamérica sigue siendo prácticamente inexplorado. Las grandes mineras, que enfrentan presión creciente de inversionistas en criterios ESG, podrían ser clientes naturales de soluciones que reduzcan el pasivo ambiental de sus operaciones históricas.
Lo que falta, y no es menor, es el salto del laboratorio al campo. La investigación universitaria chilena está en una etapa que requiere financiamiento para pilotos a escala real, colaboración con operadores mineros dispuestos a ceder un depósito para pruebas, y tiempo. Los resultados de biorremediación en contextos mineros complejos rara vez se miden en meses; los estudios internacionales más rigurosos hablan de plazos de dos a cinco años para evaluar efectividad sostenida.
La línea del fondo: Si las bacterias desarrolladas logran neutralizar el drenaje ácido en condiciones de relave chileno real, el costo de remediar un depósito pequeño o mediano podría caer a una fracción de lo que cuesta una solución de ingeniería civil convencional. Para los casi 800 depósitos que hoy representan un pasivo sin solución técnica económicamente viable, eso no es un dato menor.
Curación, no invención
Este artículo fue curado y contextualizado a partir de información publicada en Diario Sustentable . MINIAMETA cita siempre sus fuentes.


