CONICET intenta remediar mina abandonada que contamina la Puna 40 años
Cuarenta años de daño silencioso en la Puna argentina
Hay minas que cierran y desaparecen de los registros, pero no de los ecosistemas. En la Puna salteña, una mina abandonada lleva aproximadamente cuatro décadas liberando contaminantes al suelo y al agua sin que nadie haya activado un plan formal de recuperación. El CONICET acaba de cambiar eso.
El problema que la industria prefiere no contar
Los pasivos ambientales mineros son uno de los temas más incómodos del sector. No generan regalías, no producen empleos y no aparecen en los reportes de sostenibilidad de las empresas que los crearon. En muchos casos, quienes causaron el daño ya no existen como entidad legal, y el Estado hereda una deuda ambiental que tampoco sabe bien cómo cobrar.
La situación en Salta es un caso de manual. Una operación minera que funcionó, cerró y dejó atrás estructuras, relaves o drenajes ácidos que llevan décadas interactuando con un ecosistema de alta montaña. La Puna no es un ambiente cualquiera: su fragilidad ecológica, la escasez de agua y la presencia de comunidades que dependen de esos recursos hacen que cualquier contaminación prolongada tenga consecuencias desproporcionadas respecto del daño original.
Lo que hace relevante la intervención del CONICET es precisamente su naturaleza: no es una promesa de empresa ni un anuncio político, sino un proyecto de investigación científica aplicada orientado a entender primero qué tan profundo es el daño y, sobre esa base, diseñar una estrategia de remediación concreta. Es el tipo de trabajo de largo aliento que los pasivos mineros necesitan y rara vez reciben.
Por qué este caso importa más allá de Salta
América Latina concentra una proporción desproporcionada de los pasivos ambientales mineros del mundo. Perú tiene registrados más de 8.800 pasivos mineros en su catastro oficial. Chile, Bolivia, Colombia y Argentina suman cientos más. La mayoría están en zonas de alta montaña, cerca de fuentes de agua y territorios de comunidades indígenas. Muchos llevan décadas sin un plan de remediación activo.
El problema estructural es doble. Por un lado, los marcos legales de la región históricamente no exigieron garantías financieras suficientes para cubrir el cierre y la remediación: las empresas operaban, extraían y, cuando la operación dejaba de ser rentable, se iban. Por otro, incluso cuando hay voluntad política de remediar, falta capacidad técnica instalada para hacerlo bien. Remediar un pasivo minero en altura, con drenaje ácido y metales pesados infiltrados en el suelo, no es una tarea que se improvisa.
Ahí es donde la experiencia del CONICET puede tener valor más allá del caso específico. Si el equipo logra desarrollar metodologías replicables para caracterizar y tratar este tipo de sitios en condiciones de alta montaña, ese conocimiento puede transferirse a otras provincias argentinas y, con adaptaciones, a otros países de la región. La ciencia pública haciendo lo que el mercado no tiene incentivo para hacer.
El caso también llega en un momento particular para la minería latinoamericana. La demanda de minerales críticos está empujando una expansión acelerada de proyectos en la Puna y la cordillera. Litio, cobre, oro y plata están en la mira de inversiones que se miden en miles de millones de dólares. Esa expansión es difícil de sostener socialmente si al mismo tiempo siguen visibles los daños de la minería del pasado a pocas horas de distancia.
La deuda que la nueva minería necesita saldar
Comunidades lickanantay, atacameñas y kollas que habitan la Puna tienen memoria larga. Cuando negocian con empresas nuevas o con el Estado, llevan a la mesa no solo sus derechos actuales sino también la evidencia de lo que pasó antes. Una mina contaminando durante cuarenta años en el mismo territorio donde hoy se quieren desarrollar nuevos proyectos no es solo un problema ambiental: es un argumento activo contra la confianza.
Remediar pasivos es, en ese sentido, también una inversión en la licencia social de la minería futura. No porque limpiar el pasado alcance para justificar el presente, sino porque ignorarlo lo hace imposible. Los proyectos de litio y cobre que buscan avanzar en la Puna necesitan comunidades dispuestas a negociar, y esa disposición se construye con hechos, no con presentaciones.
El trabajo del CONICET en Salta es un paso técnicamente modesto pero simbólicamente importante: el Estado científico argentino asumiendo una responsabilidad que nadie más estaba dispuesto a asumir.
La línea del fondo: Si el CONICET logra desarrollar un protocolo replicable de remediación para pasivos mineros en Puna y alta montaña, Argentina tendría una capacidad técnica que hoy no tiene ningún país de la región. Eso vale más que este caso puntual.
Este artículo menciona
Curación, no invención
Este artículo fue curado y contextualizado a partir de información publicada en La Política Ambiental . MINIAMETA cita siempre sus fuentes.


