KGHM apuesta por flota 100% eléctrica en mina subterránea
Una mina sin diésel bajo tierra: de promesa a proyecto concreto
Construir una mina subterránea sin un solo motor diésel bajo tierra ya no es un ejercicio teórico. KGHM International está llevando esa idea al terreno con el proyecto Victoria, ubicado en la Cuenca de Sudbury, en Ontario, Canadá, y lo está haciendo con una claridad de propósito que pocas veces se ve en un greenfield de esta escala.
Lo que KGHM está construyendo en Sudbury
El proyecto Victoria retoma una ambición que ya había estado sobre la mesa en la región: la que tenía el proyecto Onaping Depth, que también buscaba operar con una flota subterránea completamente eléctrica antes de que sus planes cambiaran. KGHM recoge esa visión y la convierte en el eje central de su diseño de mina.
La apuesta es construir desde cero una operación subterránea que prescinda del diésel en su flota de equipos. Eso implica vehículos de carga, perforadoras y transporte de personal todos eléctricos, con la infraestructura de carga y ventilación diseñada en función de esa decisión desde el inicio, no adaptada después. Esa diferencia no es menor: una mina diésel reconvertida a eléctrica arrastra costos de rediseño que pueden consumir buena parte del ahorro proyectado. Victoria, al ser greenfield, puede optimizar cada galería, cada punto de carga y cada sistema de ventilación para un entorno sin emisiones de combustión.
La eliminación del diésel bajo tierra tiene un efecto directo sobre la ventilación. Los motores diésel generan calor y gases que obligan a mover enormes volúmenes de aire, lo que representa entre el 30 % y el 50 % del consumo energético de una mina subterránea profunda según datos del sector. Con flota eléctrica, ese requerimiento cae de forma significativa, lo que reduce costos operativos y la huella de carbono de la operación simultáneamente.
KGHM no es nueva en Sudbury. La compañía polaca opera en la región desde hace años a través de su división internacional, y el proyecto Victoria representa su apuesta de largo plazo en Canadá: un depósito de cobre, níquel y metales preciosos que la empresa viene desarrollando con la intención de convertirlo en una mina de nueva generación.
El greenfield como laboratorio para el estándar que viene
Lo que hace estratégicamente relevante al proyecto Victoria no es solo la tecnología que usa, sino el momento en que lo hace. La industria minera global está bajo presión creciente para reducir emisiones de alcance 1, y la flota diésel subterránea es uno de los blancos más visibles. Fabricantes como Epiroc, Sandvik y Normet llevan años desarrollando equipos eléctricos para entornos subterráneos, pero la adopción masiva ha sido lenta porque la mayoría de las minas existentes no fueron diseñadas pensando en esa transición.
Los proyectos greenfield como Victoria son, en ese sentido, los laboratorios donde se prueba si el modelo completo funciona a escala real y a costos competitivos. Si la operación demuestra que una mina subterránea 100 % eléctrica puede operar con eficiencia comparable o superior a una convencional, el argumento para exigir ese estándar en nuevos proyectos se vuelve mucho más difícil de ignorar, tanto para reguladores como para inversionistas.
Ese es el peso real de lo que KGHM está haciendo en Sudbury: no solo construir una mina, sino construir un caso de referencia.
Por qué este modelo importa más allá de Canadá
América Latina concentra algunos de los depósitos de cobre, litio y zinc más importantes del mundo, y una proporción significativa de ellos requiere o requerirá minería subterránea en los próximos años. Chile ya tiene operaciones subterráneas de gran escala como El Teniente y Chuquicamata subterránea. Perú tiene una larga tradición en minería bajo tierra. Colombia y Ecuador están abriendo nuevos proyectos con componentes subterráneos relevantes.
El desafío en todos esos contextos es el mismo: ¿cómo se financia y justifica la transición a flota eléctrica en minas que ya operan con infraestructura diésel? La respuesta que Victoria puede ofrecer no resuelve ese problema directamente, pero sí establece el punto de comparación. Si una mina diseñada desde cero con flota eléctrica demuestra costos operativos menores y tiempos de retorno razonables, el argumento para exigirlo en nuevos proyectos latinoamericanos, especialmente aquellos en etapa de factibilidad, gana peso concreto.
Los nuevos proyectos en la región que hoy están en etapa de ingeniería básica tienen una ventana real para tomar esa decisión de diseño antes de que el costo de cambio se vuelva prohibitivo.
La línea del fondo: Si Victoria opera como KGHM proyecta, el costo de ventilación subterránea, que representa hasta la mitad del consumo energético de una mina profunda, cae de forma estructural. Para los proyectos latinoamericanos en etapa de diseño, ignorar ese dato hoy significa construir costos evitables para los próximos 30 años de operación.
Este artículo menciona
Curación, no invención
Este artículo fue curado y contextualizado a partir de información publicada en International Mining . MINIAMETA cita siempre sus fuentes.


