Nueva tecnología extrae litio sin evaporación ni químicos agresivos
El proceso que lleva décadas sin cambiar está siendo desafiado desde adentro
Extraer litio de salmueras ha requerido, históricamente, entre 12 y 24 meses de evaporación solar, miles de hectáreas de piletas y un consumo de agua que ha puesto en jaque la licencia social de proyectos en el Atacama y la Puna. Ahora, dos empresas estadounidenses apuestan a que la electroquímica puede reemplazar ese proceso por completo, y lo hacen con una alianza que combina lo que cada una sabe hacer mejor.
Qué es DLE-R y por qué esta alianza cambia el tablero
Captura es una plataforma de tecnología electroquímica con aplicaciones en captura de carbono y procesamiento de salmueras. ElectraLith, por su parte, ha desarrollado DLE-R (Direct Lithium Extraction and Refining), un proceso que extrae litio directamente de la salmuera y lo refina en una sola cadena integrada, sin necesidad de evaporación ni de los reactivos químicos agresivos que caracterizan a los métodos convencionales.
La asociación estratégica entre ambas compañías busca acelerar la comercialización de DLE-R. La lógica es clara: ElectraLith aporta la tecnología de extracción y refinación; Captura aporta su plataforma electroquímica y, presumiblemente, su experiencia en escalar procesos electroquímicos complejos hacia la industria. Juntas, apuntan a reducir tanto el costo operativo como la huella ambiental del proceso de producción de litio.
Lo que distingue a DLE-R del resto de las tecnologías DLE que circulan en el mercado es su integración vertical del proceso: no solo extrae el litio de la salmuera con mayor selectividad y velocidad que las piletas de evaporación, sino que lo refina en el mismo flujo, entregando un producto de mayor pureza en menos pasos. Eso reduce infraestructura, tiempos de ciclo y puntos de pérdida. Según las propias compañías, el resultado es una tecnología más limpia y más versátil, adaptable a distintos tipos de salmuera, lo que amplía el universo de recursos que pueden procesarse económicamente.
Por qué esto importa ahora, y especialmente en el Triángulo del Litio
El momento no es casual. La demanda de litio para baterías de vehículos eléctricos y almacenamiento de energía sigue creciendo, pero los proyectos convencionales enfrentan presiones crecientes: restricciones hídricas en Chile y Argentina, procesos de consulta previa con comunidades indígenas que se extienden por años, y un escrutinio ambiental que antes no existía con esta intensidad.
Chile y Argentina concentran buena parte de las reservas mundiales de litio en salmuera, pero también concentran las tensiones más agudas entre producción minera y sustentabilidad. El Salar de Atacama, donde opera SQM y donde Codelco está construyendo su modelo de explotación estatal, ha sido señalado repetidamente por su impacto en los acuíferos que utilizan las comunidades lickanantay. En Argentina, proyectos en Jujuy y Salta enfrentan cuestionamientos similares.
Una tecnología que elimina las piletas de evaporación reduce drásticamente la huella de terreno y el consumo de agua del proceso. Eso no resuelve todos los conflictos territoriales, pero sí remueve uno de los argumentos más concretos que las comunidades y los reguladores han usado para frenar o condicionar proyectos. Para los operadores que buscan acelerar la obtención de permisos, eso tiene valor económico directo, más allá del discurso ambiental.
Además, una tecnología más versátil abre la puerta a recursos que hoy no son viables: salmueras de menor concentración, depósitos en zonas donde las condiciones climáticas no permiten evaporación eficiente, o fuentes no convencionales como aguas geotermales. Bolivia, que tiene las mayores reservas del mundo pero ha luchado por encontrar un modelo de extracción viable, es otro caso donde tecnologías como DLE-R podrían cambiar la ecuación.
La alianza entre Captura y ElectraLith está en etapa de comercialización, no de producción a escala. Eso significa que todavía hay distancia entre el anuncio y el impacto real en los proyectos. Las tecnologías DLE llevan años prometiendo revolucionar el sector, y varias han encontrado obstáculos al pasar del piloto a la escala industrial. El historial exige cautela.
Pero la dirección es inequívoca: la industria del litio está siendo presionada simultáneamente por la demanda, la regulación y las comunidades. Las tecnologías que reduzcan el conflicto entre esas tres fuerzas van a tener mercado.
La línea del fondo: Si DLE-R logra escalar con los costos y la huella que promete, los proyectos en el Triángulo del Litio que hoy están trabados por conflictos hídricos tendrían un argumento técnico concreto para retomar conversaciones con reguladores y comunidades. Eso no es un beneficio marginal: es la diferencia entre un proyecto que avanza y uno que lleva cinco años en consulta previa.
Este artículo menciona
Curación, no invención
Este artículo fue curado y contextualizado a partir de información publicada en International Mining . MINIAMETA cita siempre sus fuentes.


