Rio Tinto y CITIC invierten en camiones AHS eléctricos
Un fondo bilateral con apetito por la descarbonización autónoma
Dos gigantes de la minería global, Rio Tinto y el conglomerado chino CITIC, tienen un fondo conjunto de tecnología minera. Y su próximo movimiento apunta a una de las apuestas más costosas y complejas del sector: camiones de acarreo autónomos con propulsión eléctrica o de bajas emisiones. No es una inversión en software ni en sensores. Es en hierro pesado que mueve tierra, consume diésel por toneladas y representa una fracción significativa de las emisiones operativas de cualquier mina a cielo abierto.
Qué hay detrás de esta apuesta y por qué ahora
Los camiones de acarreo son el corazón logístico de una mina de tajo abierto. Una operación grande puede tener entre 50 y 150 unidades circulando en turnos continuos, consumiendo entre 200 y 300 litros de diésel por hora cada una. La electrificación de esa flota no es solo una decisión ambiental: es una decisión económica. El diésel representa entre un 15 % y un 25 % de los costos operativos en operaciones de este tipo, dependiendo de la geografía y el precio del combustible. Reducirlo cambia la estructura de costos de manera permanente.
Lo que hace interesante este movimiento del fondo Rio Tinto-CITIC es la combinación de dos vectores que hasta hace poco corrían por separado: la autonomía y la electrificación. Los sistemas de haul autónomo (AHS, por sus siglas en inglés) llevan más de una década en operación comercial. Rio Tinto los usa en Pilbara desde 2008 y hoy opera la flota autónoma más grande del mundo con más de 130 camiones. Pero esos camiones siguen siendo en su mayoría diésel. La electrificación, por su parte, ha avanzado en vehículos más pequeños, pero escalar a unidades de 220 o 300 toneladas de carga útil implica desafíos de baterías, infraestructura de carga y gestión térmica que todavía no tienen solución de mercado madura.
La señal que manda este fondo es que hay capital dispuesto a financiar esa convergencia: camiones que no solo se conducen solos, sino que también eliminan o reducen drásticamente el diésel. El timing no es casual. Las presiones regulatorias sobre emisiones de Alcance 1 y 2 se están endureciendo en los mercados donde cotizan las grandes mineras. Al mismo tiempo, varios países productores de cobre, litio y hierro están comenzando a exigir compromisos de descarbonización como condición para licencias o acceso a nuevos yacimientos.
Cuando la infraestructura eléctrica es el cuello de botella real
Hay un elemento que pocas veces aparece en los titulares sobre camiones eléctricos mineros: la energía. Un camión eléctrico de gran tonelaje necesita cargar rápido para no romper el ciclo operativo. Eso implica subestaciones de alta potencia, cableado de media tensión en plataformas de carga y, en muchos casos, generación eléctrica confiable en zonas remotas. En minas ubicadas a más de 4.000 metros de altitud, como ocurre en buena parte de la minería de cobre en Chile y Perú, la infraestructura eléctrica disponible en el entorno es limitada o inexistente.
Esto no invalida la apuesta. Pero sí define dónde va a materializarse primero: en operaciones con acceso a red eléctrica estable, energía renovable propia o en faenas donde la topografía permite recuperar energía en los descensos cargados, algo que los sistemas de trolebús o frenado regenerativo ya están aprovechando en proyectos piloto en Chile y Suecia. Las minas en altura con rampas pronunciadas son, paradójicamente, candidatas interesantes para la electrificación precisamente porque la pendiente genera energía de retorno.
El fondo Rio Tinto-CITIC no ha revelado montos ni empresas objetivo específicas en esta nota. Pero la dirección estratégica es clara: están buscando startups o proveedores con tecnología de propulsión limpia que pueda integrarse con sistemas AHS ya probados. Eso acota el universo de candidatos a un puñado de actores globales que están desarrollando camiones eléctricos o de hidrógeno en el rango de 100 a 300 toneladas de carga útil.
Para los operadores mineros en América Latina que están evaluando renovar flotas en los próximos cinco años, este movimiento es una señal de que los fabricantes con respaldo de capital institucional serio van a acelerar el desarrollo de estas plataformas. Las decisiones de compra que se tomen hoy en diésel convencional pueden quedar tecnológicamente obsoletas antes de que los camiones cumplan su vida útil.
La línea del fondo: Si este fondo logra llevar a escala comercial un camión AHS eléctrico en los próximos cuatro años, las mineras que hoy están firmando contratos de flota diésel para 2026-2030 habrán comprometido capital en activos que sus propios accionistas van a cuestionar. El riesgo de activo varado en flotas de acarreo es real, y está llegando más rápido de lo que la mayoría de los planes de renovación en LATAM contemplan.
Curación, no invención
Este artículo fue curado y contextualizado a partir de información publicada en International Mining . MINIAMETA cita siempre sus fuentes.


