Canadá invierte C$73 millones en vehículos eléctricos mineros
C$73 millones canadienses para electrificar la mina: el gobierno apuesta por los BEV antes de que la presión regulatoria los vuelva obligatorios
Canadá acaba de poner C$73 millones (aproximadamente US$51 millones) sobre la mesa para acelerar la transición energética en su sector minero. La cifra, anunciada el 26 de junio por el ministro de Energía y Recursos Naturales, Tim Hodgson, se distribuye entre 12 proyectos seleccionados — y varios de ellos apuntan directamente a probar y desplegar vehículos eléctricos a batería (BEV, por sus siglas en inglés) en condiciones reales de operación subterránea y a cielo abierto.
Un gobierno que financia lo que la industria todavía duda en costear sola
La lógica detrás de esta inversión es clara: los ensayos de vehículos eléctricos en minería son costosos, los ciclos de validación son largos, y el riesgo operacional de adoptar tecnología no probada en entornos críticos desincentiva a las compañías a moverse solas. El gobierno canadiense, a través de Natural Resources Canada, está absorbiendo parte de ese riesgo para que la curva de adopción se acorte. No es filantropía corporativa; es política industrial con horizonte de competitividad.
Los 12 proyectos seleccionados abarcan distintas etapas del ciclo minero, pero los ensayos BEV son los que concentran mayor atención del sector. La apuesta no es menor: reemplazar equipos diésel en minería subterránea puede reducir los costos de ventilación entre un 30 % y un 50 %, dado que los motores de combustión interna son la principal fuente de calor y gases que obligan a mantener sistemas de ventilación de enorme consumo energético. Ese dato, conocido en la industria pero pocas veces cuantificado públicamente, es el verdadero motor económico detrás de la electrificación de flotas.
El modelo canadiense sigue una lógica que ya han aplicado países escandinavos en minería subterránea: financiamiento público para los primeros ensayos, transferencia de aprendizaje entre operadoras y fabricantes, y luego escala privada. Epiroc, Sandvik y Komatsu ya tienen líneas de equipos BEV en el mercado, pero su adopción masiva depende de que los operadores tengan datos reales de rendimiento en sus propias condiciones geológicas y climáticas. Eso es exactamente lo que estos pilotos buscan generar.
El impacto en Latinoamérica
Chile y Perú concentran algunas de las operaciones mineras subterráneas y de gran altitud más complejas del mundo. En ese contexto, la pregunta no es si los vehículos eléctricos llegarán a la región, sino cuándo y en qué condiciones. La diferencia entre adoptar temprano o tarde no es solo tecnológica: es regulatoria y financiera. La Unión Europea ya está avanzando en estándares de huella de carbono para minerales críticos importados, y los compradores institucionales de cobre, litio y zinc están comenzando a exigir trazabilidad de emisiones en toda la cadena de valor, incluida la operación minera.
Lo que Canadá está haciendo ahora — financiar los ensayos, generar los datos, reducir la incertidumbre técnica — es exactamente lo que Chile, Perú y Colombia deberían estar haciendo con sus propias operaciones. La región tiene la ventaja de contar con matrices eléctricas cada vez más renovables, lo que hace que la electrificación de flotas mineras sea más limpia aquí que en muchos otros contextos globales. Pero sin programas públicos que acompañen la validación tecnológica, las compañías que operan en LATAM seguirán esperando que otros paguen el costo del aprendizaje.
La línea del fondo: Si los ensayos canadienses confirman reducciones de costos de ventilación del 30 % al 50 % en operaciones subterráneas, las mineras que operen en Chile y Perú sin una hoja de ruta BEV para 2028 estarán compitiendo con una desventaja de costos estructural — no circunstancial.
Curación, no invención
Este artículo fue curado y contextualizado a partir de información publicada en International Mining . MINIAMETA cita siempre sus fuentes.


